En uno de los capítulos más conocidos de la Psicología, un tal Skinner metió palomas en cajas y les dio alimento cada 15 minutos. Poco tiempo después tuvo que llamar a sus amigos para no reírse solo: las palomas se habían vuelto locas. Cada una había adoptado una conducta sumamente extraña y diferente a la de las demás: una estiraba y retraía su cuello sin parar, otra caminaba frenéticamente en círculos, otra tenía la cabeza pegada a una esquina de la caja, y así. El experimento que pasó a llamarse "la Caja de Skinner" demostró que las palomas asociaban la comida con lo que estaban haciendo la primera vez que se las alimentó; de algún modo, creían que era una recompensa por sus acciones. Esto fue comprobado luego con ratas y otros animales dando siempre resultados similares: acciones repetitivas irracionales basadas en el azar: superstición (en latín: demasiada persistencia). Y no hay ser más amigo de la persistencia que el humano. La memoria es persistencia. La historia personal es nuestra caja de Skinner.
Sería muy interesante que cada uno de nosotros reflexionáramos acerca de las "recompensas" que recibimos en nuestra vida. ¿Estaremos recibiendo recompensas por nuestras acciones o porque correspondían llegar en ese momento de la historia?

